En cualquier organización, el éxito no depende únicamente de tener buenas ideas o de un equipo talentoso; requiere sistemas sólidos que garanticen que las acciones se alineen con los objetivos estratégicos. Es aquí donde entra en juego el control administrativo de una empresa, un proceso esencial que permite dirigir los recursos y esfuerzos de manera eficiente.
Su relevancia se vuelve aún más evidente al considerar el contexto mexicano, en el que más del 99% de las empresas son pymes, contribuyendo con el 48% del PIB y generando el 78% del empleo. Sin embargo, el 76% de estas pequeñas y medianas empresas todavía no se han incorporado plenamente a la economía digital, lo que limita su potencial de crecimiento y competitividad.


